El cribado de finos es la tarea más dificultosa en el ámbito de la separación y clasificación granulométrica.
En un material dado, el número de partículas crece de una manera exponencial a medida que las partículas se hacen más pequeñas. A esto se debe añadir que la relación volumen/superficie (V/S), no es proporcional. Es decir, a medida que el volumen de la partícula disminuye en un factor cúbico, la superficie lo hace al cuadrado. De esta manera, la superficie total de las partículas aumenta a medida que estas disminuyen de volumen. Al aumentar la superficie de contacto entre partículas, estas tienden a atraerse y eliminar las partículas de aire entre el material. Al final del proceso, aparecen fenómenos de apelmazamiento, que suelen ser muy negativos para los procesos de cribado.
Una criba de finos (menor de 1 mm.) debe fluidificar el material, para poder segregar las partículas en tamaños y, finalmente, clasificarlas. Deben ser equipos que o bien retengan el material un largo tiempo encima de la malla, como las cribas horizontales MDS, o bien dispongan de un accionamiento donde la vibración llegue directamente a las partículas, como las cribas de Agitación Directa de las Mallas.
