A menudo me contactan clientes para ofertar una criba. Muchos de ellos vienen con una idea preconcebida de como ha de ser la máquina o que rendimiento pueden obtener de ella. Esto es por la experiencia que tienen en el producto que manipulan y en las cribas ya existentes en su planta.
En muchos casos la argumentación técnica choca contra una pared de incomprensión y, por que no decirlo, de un cierto orgullo de “y este que me va a decir”, “que sabrá el de mi producto y su cribado”, “este no sabe de cribas”.
Naturalmente, durante muchos años esto ha sido campo abonado para las empresas que venden cribas no apropiadas al trabajo requerido. Funcionar funcionan, pero la pureza de las fracciones, el porcentaje de desclasificados, la colmatación de las mallas dejan mucho que desear. Por no hablar de los consumos energéticos y de mantenimiento.
Estos hechos se visualizan muy claramente en los cribados finos menores de 1 mm. Cribar a 800 micras, a 500 ó a 200 micras es una tarea difícil, no apta para cualquier tecnología de cribado. Conviene que las empresas españolas subamos al carro de la calidad. No vale el “ya veremos”, “ya la arreglaremos”, “con esto es suficiente”…. Hay un dicho inglés que dice “Buy cheap, buy twice”, “Compra barato, compra dos veces”.
En multitud de casos las cribas son el equipo clave de una línea de producción, de manera que los otros equipos y dispositivos dependen de ellas. En este punto no es aceptable un funcionamiento deficiente de la criba. Una manera de evitarlo es monitorizar la vibración. Como se ha comentado en otros artículos una criba es, en palabras llanas, una malla sometida a vibración, de manera que controlando el buen rendimiento de esta última controlamos el correcto funcionamiento de la criba.
La colmatación de las mallas es uno de los problemas comunes cuando se acometen tareas de cribado. Entendemos por colmatación el proceso en que el producto que se está cribando o clasificando obtura o ciega las aberturas de las mallas que se utilizan, sean estas metálicas o de materiales sintéticos. Si la malla se colmata o ciega totalmente, deja de ser efectiva y ninguna partícula más fina que la luz o abertura puede pasar a través de la tela. Llegados a este punto el cribado deja de ser efectivo.
La segunda colmatación es por la agregación de material fino y húmedo en los alambres que forman la tela. El material fino va “creciendo” lentamente hasta ocupar toda la abertura de malla y, con tiempo, ocupando toda la superficie de esta. En este segundo caso, la solución es más problemática, debiéndose secar previamente el material para evitar la colmatación de la malla. Naturalmente el proceso de secado puede ser costoso en términos de energía. Una solución intermedia son las